miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Educación Superior en los tiempos de las Competencias ¿Aspiración o Desafío?

Por: César Carbache Mora*

“La calidad de vida de un país
se encuentra muy ligada a la calidad
de su sistema educativo”.
Christian Miranda J.

La sociedad del conocimiento en la que vivimos, convivimos y subvivimos requiere actualmente de un replanteamiento tanto individual como institucional. La globalización o universalización de las sociedades contemporáneas que se expanden en medio de la generación de las nuevas tecnologías de la comunicación TICs, los avances de las ciencias, los cambios socio-económicos y culturales, la multiculturalita, la sustentabilidad del desarrollo, los nuevos requerimientos laborales y la concienciación del medio ambiente; proponen al colectivo humano de hoy, una reforma en el quehacer de la formación de las nuevas generaciones. El antiguo modelo de enseñanza ya no es válido en una sociedad basada en el conocimiento (Linda Darling-Ammón, 2009).

El contexto actual está reestructurando nuestra forma de vivir de manera muy profunda, influye en la vida diaria tanto como en los acontecimientos que se suceden a escala mundial. En este momento de cambio, caracterizado por la búsqueda constante del mejoramiento de la condición humana; y la ampliación del bienestar y las oportunidades para todos, se hace necesaria una noción más rica y compleja de desarrollo, que sea no sólo material sino también, ético, intelectual, afectivo y moral (Morín, 1999) .

La educación superior en competencias pretende hacerle frente a toda esa avalancha de transformaciones, de requerimientos, de exigencias: sociales, intelectuales, culturales, laborales, empresariales, políticas, religiosas, tecnológicas, científicas, personales, interpersonales, étnicas, medioambientales. En la actualidad, las competencias se entienden como la actuación eficaz en situaciones determinadas, que se apoyan en los conocimientos adquiridos y en otros recursos cognitivos (Condemarín y Medina, 2000) . El análisis del enfoque de competencias en la mencionada sociedad del conocimiento (aunque algunos autores la refieren todavía como la sociedad de la información), debe tener en claro que, el capital humano es el principal activo de las organizaciones, este concepto coincide con el criterio de que la primera profesión que se debe de cultivar en los estudiantes es la de ser, primeramente, Seres Humanos. A pesar de que, en cuanto se refiere a la conceptualización de competencias, los pensadores no se ponen de acuerdo, en un criterio unánime para el uso del término de competencias en la educación. Moreno Olivos , hace una revisión de los enfoques fundamentados de la teoría del concepto de competencia, cita a (Weinert, 2001) quien revela que no hay un solo uso de ese concepto y que tampoco existe una definición ampliamente aceptada o una teoría unificadora.

A diferencia de las propias transformaciones educativas, que son inherentes a los cambios sociales de este siglo (XXI). Esas mismas evoluciones educacionales a nivel de las IES son empujados por un sector laboral que requiere, permanentemente, de profesionales competentes y competitivos, con mayores habilidades y destrezas para la productividad, de desempeño idóneo y de calidad. Ya como lo menciona Días Sobrinho, 2007 : la calidad es una construcción social y, como tal, requiere de reflexión, diálogo y esfuerzo colectivo. Por supuesto, no hay que olvidar que la educación es un proceso humano y, por tanto, lo primero que habrá que conseguir es la humanización de los profesionales, con sentido de pertinencia, responsabilidad social, posibilitados para tomar decisiones y resolver problemas en todos los momentos de la vida.

Freire (2001) decía que cambiar supone que es posible hacerlo, pero es necesario saber de qué realidad se parte y a cual se quiere llegar. En este sentido, la sostenibilidad ha de entenderse como un proceso de cambio y transición entre el pasado, donde encontramos nuestra identidad, el presente que afirma nuestras necesidades y el futuro hacia donde proyectamos nuestras aspiraciones y esfuerzos. El nuevo panorama educativo debe lidiar con multiplicidad de culturas y religiones que conviven juntas en una sociedad tanto en crisis de valores como económico. (Redes TVE 2010) . Y es que el reto de la educación superior en el presente siglo (XXI), necesita de la intervención de todos sus actores: Instituciones educativas, profesorado, estudiantes, padres de familia, gobiernos, sector laboral y sociedad. Sin la participación de todos ellos, sería estéril el esfuerzo por hacer de nuestra sociedad un espacio de paz, equitativo, justo, donde haya mayores posibilidades de desarrollo para todos. Bowen y Hobson (2004) definen la educación como un proceso de socialización y transcendencia que no depende de un momento o hito específico dentro de la historia particular de un sujeto, sino que es una acción que se construye durante toda la vida humana.

La sintonía de la universidad con el mundo contemporáneo debe ser, para muchos autores, su referente fundamental. Por ello, su capacidad de cambiar, de influir en la sociedad y adaptarse a ella, es signo de su principal patrimonio… …y es que una universidad sin calidad no sirve ni a los estudiantes ni a la sociedad . La situación no es nada fácil (especialmente en los países en vías de desarrollo, como el ecuatoriano), comenzando porque las políticas estatales no han brindado un apoyo tangible a las nuevas circunstancias sociales-culturales-laborales-educativas. Los logros de la educación superior se deben más bien a esfuerzos individualizados de promover profesionales con calidad cognitiva, ética y humana, aunque los resultados no han sido del todo favorables, ya que muchos de esos egresados no han estado listos para competir en un mercado laboral complejo y lleno de exigencias. Martin (IESALC, 2007) expresa que el acceso a la educación superior no debe ser considerado solamente como el “momento de entrada” del estudiante a la IES, sino como un proceso que se inicia en los niveles primarios y medios de educación, se extiende con la llegada a la institución docente y se enlaza con la permanencia en el programa de estudios. Por tanto, las políticas públicas deben tomar en consideración que, en relación a los estudiantes de educación superior, no se trata solamente de acceder, sino de mantenerse estudiando, graduarse y lograr empleos adecuados y coherentes con su formación; esto va a permitir a las personas ser ciudadanos más responsables, tener las oportunidades para disfrutar de una vida plena y poder ejercer la totalidad de sus derechos sociales.

La educación superior en los tiempos de las competencias requiere no sólo del conocimiento conceptual de lo que son las competencias, necesita, además, conocer sus circunstancias, es decir, el contexto en el que se desenvuelve. Las competencias no existen independientemente de la acción y del contexto, sino que son conceptualizadas en relación con las demandas y actualizadas por las acciones (lo que implica intenciones, razones, objetivos) emprendidas por los individuos en una situación concreta. De allí que para el caso de las competencias “clave” o “básicas”, algunos autores cuestionan la idea de que se puedan definir y seleccionar competencias universales que sean aplicables a todos los contextos, a estos criterios Perrenoud (2001) afirma que declarar algunas competencias como universales es favorecer a una parte del planeta y al estilo de vida de las sociedades privilegiadas .

La educación tendría que inspirar, provocar y motivar la participación activa y libre del individuo sobre su realidad y dotarlo de herramientas para que pueda construir una nueva postura frente a los problemas de su entorno físico y temporal. Recuperar la capacidad del ser humano de evaluar, de comparar, de escoger, de decidir y, por último, de intervenir en el mundo (Freire 2001) es más que nunca fundamental . Por ello las IES tendrán que asumir su papel protagónico dentro de los diversos procesos que se están generando en nuestra sociedad, amén de la participación o no de los gobiernos de turno. Y eso tiene que ver, además, con la presencia de una nueva legislación de educación superior.

La pertinencia está vinculada a una de las principales características que tiene el nuevo contexto de producir conocimientos, esto es, el énfasis en tomar en cuenta el entorno en el cual están insertas las instituciones de investigación y, por lo tanto, la necesidad de un estrecho acercamiento entre los que producen y entre los que se apropian del conocimiento. Por un lado, los que se apropian, o sea los usuarios del conocimiento, son no solamente los estudiantes, o usuarios internos, sino las comunidades en la que están insertas las instituciones, y también, de manera muy importante, los otros niveles del sistema educativo. (García-Guadilla, 1997: 64/65) No menos importante es la participación de la IES en la búsqueda de soluciones a los problemas humanos urgentes, como la población, el medio ambiente, la paz y el entendimiento internacional, la democracia y los derechos humanos. (Vessuri, 1998: 417) .

A pesar de las múltiples iniciativas políticas de los últimos años, el aumento del número de alumnos de enseñanza possecundaria no ha beneficiado de forma pareja a todos los sectores de la sociedad. Según un reciente estudio comparado de 15 países , aunque ha aumentado la inclusión, las clases privilegiadas han conservado su ventaja relativa en casi todos los países. En nuestro país la declaratoria (demagógica o política, que es lo mismo) de la gratuidad de la educación, ha agravado el tema de la masificación tanto institucional (preferentemente privadas) como de la matriculación de estudiantes; situación que ha provocado la discusión sobre el tema de la calidad de la educación superior. En este aspecto, no se trata de oponer calidad sobre cantidad o viceversa, ya que son situaciones coesenciales que se constituyen mutuamente. Empero, la conflictividad entre calidad y cantidad es evidente y en países como el ecuatoriano es notorio y preocupante, debido al exiguo presupuesto gubernamental a las instituciones educativas de nivel superior.

La calidad de la educación superior está sujeta a otros aspectos, como la elaboración de un modelo curricular basado en competencias, la evaluación, la promoción. El modelo pedagógico que involucra la formación por competencias propende por acabar las barreras entre la escuela y la vida cotidiana en la familia, el trabajo o la comunidad, propone establecer un hilo conductor entre el conocimiento cotidiano, el académico y el científico. Así, al fusionarlos plantea la formación integral que abarca conocimientos (capacidad cognoscitiva), habilidades (capacidad sensorio - motriz), destrezas, actitudes y valores, en otras palabras: saber, saber hacer en la vida y para la vida, saber ser, saber emprender, sin dejar de lado saber vivir en comunidad y saber trabajar en equipo. Al debilitar las fronteras entre el conocimiento escolar y extraescolar, se reconoce el valor de múltiples fuentes de conocimiento como la experiencia personal, los aprendizajes previos en los diferentes ámbitos de la vida de cada persona, la imaginación, el arte, la creatividad (Mockus y col, 1997) .

La evaluación de la calidad de la educación superior presenta retos aún no resueltos como, por ejemplo, institucionalizar una cultura evaluativa y generar un modelo para evaluar su impacto. En tal sentido, como señala el Banco Mundial (2002: 19), “Los países en desarrollo y transición afrontan el riesgo de ser aún más marginados de la economía mundial, debido a que sus sistemas de educación superior no están adecuadamente preparados para capitalizar sobre la base de la creación y el uso del Conocimiento”. Esto, según Pérez (2004), significa que no basta con políticas de aseguramiento de la calidad, si no se reflexiona sobre sus implicancias .

La responsabilidad social de la educación superior debe ser radicalmente distinta de la responsabilidad social de las empresas. Involucrada en un nuevo discurso cívico, la responsabilidad social practicada por las empresas, incluso las del sector educativo, en general es un subterfugio que busca aumentar los lucros. Se constituye en un marketing a partir del cual se puede generar “altos dividendos de imagen pública y social”, añadiendo valor a la marca de la empresa. Pero, como advierte Dupas, “esas prácticas privadas diluyen las referencias públicas y políticas en el intento de reducir las injusticias sociales”. Son prácticas incapaces de resolver los graves problemas de exclusión social y, además, la despolitizan (Dupas, 2005: 121 y 123). Situación que ha provocado el mercantilismo educativo. Lo que para pensadores como Alfonso Escobar Llano, debe de preocuparnos ya que deshumaniza el propio concepto de formación, al decir: "Muchos males gravísimos aquejan al país [...] y añado otro que no suele figurar en la lista pero que es peor quizás que todos los demás: la falta de responsabilidad de los educadores - entiéndase por tales algunos padres y madres de familia, directores de colegios y docentes en general-, quienes NO están educando sino limitándose a dar [...] instrucción y lanzan a la sociedad bárbaros científicamente competentes, que es el tipo de personas más peligrosas con que hoy cuenta la sociedad".

Documentos como la Declaración de la Conferencia Mundial sobre Educación Superior (UNESCO, 1998a) y el Reporte sobre Calidad en la Educación Superior (UNESCO: 1998b), señalan la importancia de la evaluación institucional en la gestión de la educación superior, como parte de la necesidad de fortalecer la calidad y, de ahí, la necesidad de poder apreciarla y “asegurarla”, adjudicando a este último término el sentido de ofrecer seguridades al público de que, efectivamente, el servicio al que accede ha sido sometido a alguna forma de control de calidad.

No se puede desconocer que bajo la discusión de las competencias se ha efectuado un debate de carácter más estructural en el campo de la educación, y en esto reside la riqueza del concepto, pero al mismo tiempo ha contribuido al establecimiento de un discurso hueco innovador.

Amén de todo lo expresado en base a los criterios de los pensadores aquí mentados y que han dado cuerpo a este trabajo sobre educación superior en competencias; quedan muchas dudas en torno de la efectividad de este proceso, que tiene muchos puntos a favor y que por ahora parece ser la panacea a los retos que enfrenta la educación superior del siglo XXI. Calidad en competencia o competencia para alcanzar la calidad son los retos, pero… ¿Podrán las sociedades en vías de desarrollo, como la ecuatoriana, alcanzar esos altos niveles de calidad, pertinencia, responsabilidad social, desempeño idóneo, certificación que propone este nuevo paradigma? ¿Los gobiernos asumirán su responsabilidad de invertir para potenciar las capacidades docentes, infraestructura, tecnología y sueldos que eviten el desgaste humano-intelectual del profesorado, que salta de institución en institución para construir un presupuesto digno? ¿Qué le espera a nuestra sociedad: politizada, dividida, empobrecida, excluida, marginada de no concretarse esta aspiración o desafío? Solo el tiempo lo dirá…

Referencias
Conferencia Mundial sobre la Educación Superior organizado por la UNESCO en 2009.Tras la pista de una revolución académica: Informe sobre las tendencias actuales. Resumen Ejecutivo.

Dias-Sobrinho, José. (2009) Calidad, Pertinencia y Responsabilidad Social de la Universidad Latinoamericana y Caribeña. Capítulo 3. Tendencias de la Educación Superior en América Latina y El Caribe.

Díaz Barriga Ángel. (2006) El enfoque de competencia en la educación. ¿Una alternativa o un disfraz de cambio? Universidad Nacional Autónoma de México.

López Yazmín Cruz. (2009) La calidad y la responsabilidad social de las universidades.

Miranda Christian. (2007) Mecanismo de aseguramiento de la calidad y formación docente. Universidad Austral de Chile, Instituto de Filosofía y Estudios Educacionales, Casilla 567, Valdivia, Chile.

Moreno Olivos, Tiburcio. Competencias en educación superior: un alto en el camino para revisar la ruta de viaje. Perfiles Educativos, Vol. XXXI, Núm. 124, sin mes, 2009, pp. 69-92 Universidad Nacional Autónoma de México. México, D.F.

Morín, Edgar (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Paris,
UNESCO.

Proyecto Tuning. (2007) Latinoamérica. Documentos sobre algunos aportes al concepto de competencias desde la perspectiva de América Latina.
Roa Valero, Alberto/Suárez González, Javier. (2006). La Sociedad Globalizada y el papel de la educación superior. Roa Valero, Alberto/Suárez González, Javier. Universidad del Norte. Barranquilla, Colombia. Red de revistas científicas de América Latina y El Caribe, España y Portugal.
Rodríguez Zambrano, Hernando. (2007) El paradigma de las competencias en la educación superior. Bogotá, Colombia. Red de revistas científicas de América Latina y El Caribe, España y Portugal.
Salgado Arteaga, Francisco (2010) Calidad y Futuro de la Educación Superior. Aula Virtual. Diplomado en Educación Superior por competencias. Universidad del Azuay.
Tendencias de la Educación Superior en América Latina y el Caribe / editado por Ana
Lucia Gazzola y Axel Didriksson.- Caracas: IESALC-UNESCO, 2008.
Universidad del Azuay. (2006) Revista Universidad del Azuay. Verdad Nº 40.


*Diplomante en Educación Superior por Competencias

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